Cuando preguntaron al Arzobispo M. Mokrzycki, cuáles eran los recuerdos más cercanos a su corazón, de los años de antaño, dijo que eran las caminatas en la residencia de verano de Juan Pablo II. El Santo Padre iba al Castel Gandolfo luego de la Pascua de Resurrección, luego de la Navidad, y por supuesto para sus vacaciones: el fin de julio, agosto, y hasta el final de setiembre.
“Una vez, después de la Pascua de Resurrección, lo acompañé al Santo Padre al jardín de Castel Gandolfo. Llegamos a la figura de la Inmaculada Madre de Dios. Íbamos a rezar allí la oración Regina Caeli. El Santo Padre rezaba en latín. Yo, ya antes de acercarme a la figura, tenía miedo que íbamos a rezar en seguida, pues me habían olvidado las respuestas. La situación no fue tan trágica, porque rezamos juntos y todo salió bien—pero hasta hoy me acuerdo de mi temor.
–(…) El Santo Padre solía cantar en los jardines?
“Sí, porque también había caminatas con otros religiosos durante las cuales rezábamos el Rosario. Por ejemplo el Padre Styczen, quien nos acompañaba, dominaba la conversación con temas filosóficos. Luego, cuando volvíamos y nos parábamos junto a la figura de la Santa Madre, cantábamos la apelación de Czestochowa y otros himnos dedicados a María. El Santo Padre, dirigiéndose a mí, decía: “Canta Mieciu”. Y teníamos que cantar algún himno más. Para terminar el día, le gustaba al Santo Padre cantar el himno que habían cantado antiguamente los jóvenes cuando remaban en los kayaks.
–Pensé que la “Barca” era Su canción favorita oazowa?
“Si, lo era durante Sus viajes, pero en Su casa, o durante Sus caminatas en el Castel Gandolfo, no cantábamos la “Barca”.
–Y Ud. Padre, tuvo que aprender a todos esos himnos, o ya los conocía?
Algunos ya conocía, como“O, ktorej berla lad i morze slucha” (cuyo cetro escuchan los mares y las tierras), pero no todos los versos. Entonces el Santo Padre me ayudaba, y de esa forma aprendí toda la canción.
–-Cuando el Santo Padre decía a Ud. “Mieciu canta”, no había solución? Tenía que cantar?
Si, pero de una manera u otra me daba maña.
Con el permiso del Arzobispo Mieczyslaw Mokrzycki—“Mas que nada le gustaban los martes”.
Publicación M., Cracovia, 2008
Traducido al español por Jadwiga Orzechowska-Ancaya