Siempre fue una Ocasión para Alegría

A Juan Pablo II le gustaban los villancicos polacos. Los cantaba fuerte y con alegría. De memoria. Comenzaba con “Wsrod Nocnej Ciszy” y luego los otros, uno por uno. Creo que en las noches de Nochebuena cantábamos diez o más… Al final siempre cantaba su villancico favorito: “Oj, Maluski, Maluski”. Dicen que el Papa Juan Pablo agregaba muchos versos suyos para seguir cantando con Sus amistades. Recuerda el Arzobispo Mokrzycki que esa costumbre del Papa causaba mucha risa alrededor de la mesa donde cantaban. Nadie anotó esos versos agregados, ni estaba listo con papel y lapicero, pues el ambiente era de alegría—durante una noche tan santa y especial. Hoy les da pena de no haberlos apuntado.

La Nochebuena marcaba el comienzo de la costumbre de cantar villancicos cada atardecer en el Vaticano y en el Castel Gandolfo. Cada persona que se acuerda de esas noches lo hace con nostalgia. Porque al cantar el Santo Padre no solo radiaba algo profundo que les tocaba el alma, pero lo hacía con una alegría de niño. El leía en los canticos navideños al mismo Evangelio. Muchas veces decía que ellos nos acercan al misterio de la Encarnación.

El Papa gozaba muchísimo cantando; seguramente se sentía transportado a las fiestas navideñas en Polonia.

Con el permiso del Arzobispo Mieczyslaw Mokrzycki.