Retornemos a la misa mañanera en la capilla privada del Papa. Luego de la misa el Papa Juan Pablo II no abandonaba a Sus invitados. Los invitaba a una reunión a la sala mayor, llamada la biblioteca privada del Santo Padre. Allí, unos 10-15 minutos después de la misa llagaba el Santo Padre, saludaba a todos, y les entregaba el rosario como recuerdo. (…)Él sabía que ese sería un obsequio muy importante y un compromiso para rezar el rosario, para orar. Él nunca se separaba del rosario. Lo rezaba varias veces diarias.
Luego de la santa misa había desayuno. Cuando el Santo Padre se sentía fuerte, cada día invitaba a varios huéspedes. Cuando estuvo más débil, desayunaba solamente con un grupo muy cercano de Sus colaboradores. Pero nunca comía solo. No Le gustaba eso. El Arzobispo Mokrzycki recuerda que aun en el hospital, alguien acompañaba al Papa durante los momentos de alimentarse.
Los desayunos eran siempre tradicionales polacos. Los preparaban las hermanas del Sagrado Corazón en Cracovia. Sabían lo que más Le gustaba al Santo Padre: algún queso, salchichas polacas, o huevos revueltos—unos desayunos bien substanciosos. Al Papa también Le gustaba café con leche. Desayunos para días largos y laboriosos.
Son las 9:30 de la mañana. Ya terminó el desayuno. En el pasillo están esperando periódicos en italiano. El Santo Padre los lee, y luego se dirige a Su gabinete, y allí se prepara para sus ocupaciones diarias: Escribe cartas, sermones, encíclicas. Tiene tiempo hasta las 11:30, porque luego empiezan las audiencias.
En Su gabinete el Santo Padre no solo trabaja. De acuerdo con el Padre Mokrzycki El también reza. A veces se dirige a la terraza, donde reza el rosario. Muchas veces lo hace en horas mañaneras. En la terraza, en el techo había un pequeño jardín y allí es donde al Papa Le gustaba rezar. Se sentía más cercano a Dios. Cada viernes rezaba allí la Vía Crucis, El mismo organizó a donde iban a estar las estaciones.
A las 11:30 comenzaban las audiencias. Antes de cada audiencia una Adoración breve en la capilla. Las audiencias duraban hasta la hora 13 de la tarde—excepto los martes y los miércoles. Durante esos días no había audiencias privadas, solo audiencias generales. Los martes el Santo Padre estaba libre.
Porque los martes?
Porque así lo quiso el Santo Padre. De todos los días de la semana a Él le gustaban los martes…
Con el permiso del Padre Arzobispo Mieczyslaw Mokrzycki—“Mas que Nada Le Gustaban los Martes.”–Publicación M., Cracovia 2008
Traducido al español por Jadwiga Orzechowska-Ancaya