Durante Su bautismo en el Rio Jordán, Jesús habla no solo del sufrimiento redentor, pero también recibe al Espíritu Santo Quien desciende en la forma de una paloma—o sea como el Espíritu Divino de Reconciliación y de Gracia.
Ese descenso del Espíritu Santo es una promesa del obsequio que los cristianos reciben durante el bautismo. En el bautismo de Cristo descubrimos la fuente de la riqueza espiritual del bautismo de todos los cristianos.
Juan Pablo II—el Bautismo como fundamento de la existencia del Cristianismo