“Uds. también son testigos (J 15, 27) —Animada por el Espíritu Santo, la Iglesia siempre tuvo consciente esa tarea y proclamó valientemente el mensaje evangélico a través de todo los tiempos y en todos los lugares del mundo. Lo hizo respetando la dignidad de todas las naciones, sus culturas, y sus tradiciones.
Porque la Iglesia sabe que el mensaje que le fue otorgado por Dios, no es hostil a las aspiraciones más profundas del hombre; al contrario, que ha sido revelado por Dios para tranquilizar—por encima de todas las expectativas—al hambre y la sed del corazón humano.
Es por eso que el Evangelio no se puede imponer, solamente proponerlo, porque solamente entonces, cuando es recibido con libertad y con amor, cuando podrá actuar con éxito.” – Juan Pablo II.
10 VI 2000—Misa en la Vigilia del día en el que fue Enviado el Espíritu Santo