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Se Podía Oír Que Hablaba Suavemente al Señor Jesucristo

Conociendo a Juan Pablo II, enseguida se podía observar que no existía en él una separación entre el hombre de la oración y el hombre de la acción. Al contrario, en Karol Wojtyla encontramos una perfecta unidad en Su vida, una fusión armoniosa entre dos actitudes. Y lo extraordinario es que paradójicamente, en El, todo era tan normal, tan natural. Esa es la herencia más valiosa que nos dejó Juan Pablo II: que la fe que se vive diariamente con claridad y consistencia en la experiencia de cada día.

Pienso que si hablamos de Wojtyla “privadamente”, hay que comenzar que era un hombre de Dios, un hombre de la oración.

La oración era Su inmersión en Dios, Su estadía con Dios. Nunca pasó indiferente cerca del Santísimo Sacramento—mientras podía, se arrodillaba o se echaba en el suelo en forma de cruz y rezaba.Y cuando creía que estaba solo, se oía que conversaba con el Señor Jesús con un susurro.

El Santo Padre fue muy creativo y compuso muchísimas oraciones. Y cantaba. Le encantaba cantar, sobre todo durante las Adoraciones diarias, a las que nunca faltaba.

Con el permiso del Padre Cardenal Stanislaw Dziwisz—“Al lado del Santo”.