John Paul II Foundation
Zwiastowanie - Fra Angelico

IIENCICLICA REDEMPTORIS MATER- Juan Pablo

Acerca de la bendita Virgen Maria en la vida de la Iglesia peregrina

Hay que demostrar al Dios revelado “la obediencia de la fe, a través de la cual el hombre se entrega a Dios por su propia voluntad” (por. Rz 16, 26; por. Rz 1, 5; 2 Kor 10, 5-6). La Virgen Maria poseía esa fe. El momento más “decisivo” fue la Anunciación. Recordemos las palabras de Elisabeth: “Bendita eres pues has creído”, que se referían a ese preciso instante de la vida de Maria.

Durante la Anunciación, María, demostró la “Obediencia de la fe” a Él quien habló a Ella con las palabras del heraldo. Ella demostró en ese momento “una completa docilidad de Su mente y de Su voluntad frente al Dios revelado”— se entregó totalmente a Dios y respondió con toda Su humanidad de mujer, con Su “yo”. En esa respuesta de fe, María expresó suprema colaboración con “la bendición de Dios” y Su sensibilidad a la actuación del Espíritu Santo, “Quien con Sus dones perfecciona la fe continuamente” 32. (…) La Anunciación del ángel es la manifestación del misterio de la encarnacion en el comienzo de su realizacion en la tierra.

El apoyo divino y la participación de Dios vital a toda la creación—en especial a los hombres—logra en el Misterio de la Encarnación una de sus metas más perfectas. Constituye la máxima bendición de Dios en toda la historia de la humanidad y del cosmos. Maria es “llena de gracia”, porque la Encarnación de la Palabra, la unión del Dios-Hijo con la naturaleza humana, con la humanidad, se llega a realizar en Ella. Es Ella “la Madre del Hijo de Dios, y por ende es la más amada hija de Dios y el santo tabernáculo del Espíritu Santo; gracias a este obsequio de una gracia especial, Maria supera a toda la creación de la tierra y del cielo” (…)

Luego de la Anunciación del ángel, la Virgen de Nazaret es llamada “bendita entre todas las mujeres” (por. Lucas 1, 42), y es debido a esa bendición que “el Dios Padre” nos llenó “en los cielos, en Cristo”. Es una bendición espiritual, para todos los seres humanos, y tiende la plenitud y el conocimiento comun (“toda la bendición”), que proviene del amor que une al consustancial Hijo con el Padre en el Espíritu Santo. Asimismo es la bendición ofrecida por Jesucristo: a la historia humana hasta el infinito”.